Migración y explotación, tema pendiente

Huejutla
“Atención. Atención. Estamos buscando 100 campesinos para la pizca de tomates”. “Ganarás 100 pesos por día, tres comidas gratuitas al día y horas extras. “Además de un kilo de tortillas”. “¡Vámonos a trabajar!”, se escuchan los anuncios en la radiodifusoras locales para ir a laborar a los campos del norte del país. Pocas empresas están vinculadas con la Secretaría del Trabajo y con ello evaden sus responsabilidades laborales
Decenas de indígenas provienen de los pueblos, en donde abundan las casas hechas de barro y palma en la Huasteca en busca de trabajo. La mayoría de ellos son jóvenes que se ven obligados a migrar por falta de oportunidades laborales.
Las empresas ofrecen el dinero y hasta anticipos de mil pesos al subir al transporte, sin embargo, no les hablan sobre los campos de concentración que no cumplen algunos con las medidas de higiene y en otros no los dejan ni salir. Sobreviven con lo indispensable, en hogares improvisados y hacinados.
Los enganchadores son pieza clave para la economía agrícola, el vínculo entre las granjas de exportación en el norte y los campesinos de la Huasteca. Se calcula que más de 50 mil personas anualmente acuden a laborar al norte del país.
Muchos de los enganchadores cometen abusos, de acuerdo con algunas autoridades y líderes indígenas. Además, omiten hablar sobre las condiciones de vida que tendrán.
Hasta el momento no se conoce de un caso en el que se haya castigado a alguna persona por trata de personas.
Los jornaleros agrícolas que van a trabajar a los campos del norte deben tener cuidado con los enganchadores, porque no garantizar las condiciones mínimas del respeto a los derechos humanos, es mejor que busquen a empresas que estén certificadas por la Secretaría del Trabajo, alertó el titular de la Comisión Estatal para el Desarrollo Sustentable, Enrique Simón Romero.
Indicó que el número de migrantes a los campos del norte del país son cifras variables, porque un jornalero puede viajar de dos a tres veces por año, se habla que más de 1500 personas están en constante tránsito, seguramente las cifras pueden ser mayores.
Indicó que no se tiene un ceso porque aún se puede escuchar en la radio de personas que se encargan de llevar a grupos a trabajar a diferentes campos y que no están avalados por la Secretaría del trabajo, “hay que tener cuidado con ese tipo de enganchadores porque no ofrecen las condiciones mínimas que garanticen los derechos humanos”.
Recomendó a los jornaleros agrícolas que si tienen que salir, que busquen empresas estén certificadas con las horas necesarias, que van a contar con la seguridad social y en caso de un percance habrá gente que se haga responsable de los sucesos.
Refirió que el tema migratorio de jornaleros es complicado y delicado porque incluye un sector social importante y que cada familia es una historia diferente, “es un fenómeno que no nos podemos deslindar”.
Advirtió que actualmente existe un programa de atención con casas de jornaleros, una en Amaxac, Jaltocán y la otro en la cabecera municipal de Tlanchinol, que están disponibles para todas las personas que van de paso, se le da alimentación para que se les haga un poco más tranquilo el trayecto. “Sin embargo, no nos quedamos ahí”, acotó.
Compartió que para evitar que las familias emigren se levanta un censo para ver quienes pueden tener otro tipo de apoyos.
Indicó que no a todos se les da porque no alcanza el presupuesto, pero que algunos se les apoyar con proyectos productivos para que puedan seguir su vida en las comunidades.

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